lunes 18 de mayo de 2009

Viceversa

"Mujer peinando su pelo", Edgar Degas, 1887, 82 x 57 cm, Museo de Orsay

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.


MARIO BENEDETTI

domingo 10 de mayo de 2009

El folclore de nuestra generación

"Moji", 1991, Kanendo Watanabe

Yo siempre me he considerado una persona muy aburrida -dijo-. Desde muy pequeño siempre fui un niño que jamás se dejaba llevar. Era como si siempre estuviera metido en una especie de marco, vivía siempre procurando no salirme de él. Ante mí había algo parecido a una línea que me indicaba el camino. Era como una autopista bien señalizada. para dirigirse a tal dirección, póngase en el carril de la derecha. Más adelante econtrará una curva. Está prohibido adelantar, etcétera. Si seguía las indicaciones, todo iría bien. todo. Yo seguía la línea y todos me alababan. Todos me admiraban. Cuando era pequeño, creía que todo el mundo funcionaba igual que yo. Pero un buen día me di cuenta de que no era así.

HARUKI MURAKAMI

sábado 2 de mayo de 2009

Apunte de paisaje

"Almedndro en flor", Antonio López, 1972-1974


Las nubes puestas a secar al sol.
Los ciruelos condecorados por la primavera
Abril, de manos húmedas,
acaricia la frente de los arces.
La lengua púrpura del atardecer
lame la curva de las lomas de plomo
y las convierte en carne tibia.

Todo ha sido creado
para mayor gloria del viento del oeste
que despeina las aguas del lago.
(Más allá, la ciudad, desplegadas las velas de cemento
navega hacia su olvido, noche, sueño, nunca.)

JOSÉ HIERRO

domingo 26 de abril de 2009

La llamada a la puerta

"La puerta a lo abierto", Egon Schiele, 1912, 48,2x32 cm, Graphische Sammlung Albertina. Viena

Toc, toc, ¿quién será?¿Abuelito con los regalos de Navidad?
Toc, toc, ¿quién será? Apuesto a que es él. Con los años no se le pasan las ganas de gastar bromas, a mi Giorgio.

Toc, toc, ¿quién será? ¿Tonino que vuelve a estas horas? ¡Oh, esos dichosos hijos!
Toc, toc. Debe ser el viento. ¿O los espíritus? ¿O los recuerdos?¿ Quién podría venir a buscarme?
Toc, toc, toc. Toc, toc. Toc.

DINO BUZZATI (en Progresiones)

jueves 23 de abril de 2009

Samurai

Flores, Kaoru Yamaguchi, 1937, Kahitsukan Tokio

De vez en cuando, también los padres iban a la fuente. Entonces, Tomiko se acercaba a la madre y Nagayuki al padre. Se sentaban en silencio en el agua humeante y sólo se movían para secarse el sudor de la frente. Pero, una vez, estando solos y sentados uno al lado del otro en el borde del estanque acolchado de musgo, Nagayuki rozó con la mano la raíz del pelo de Tomiko, detrás de la oreja, y la bajó despacio al tiempo que apretaba de lado su cuerpo contra el de ella.

Tomiko recordaba aún, como si hubiera ocurrido hacía pocos días, que un cálido temblor le había recorrido el cuerpo y que, no obstante, se había quedado muy quieta, como para no perder ni una pizca de la sensación que se había apoderado de ella.

Cuando Nagayuki le tocó los pechos, ella se dejó caer hacia atrás y se entregó totalmente a la tierna, aunque torpe, caricia del joven. Nagayuki siempre conservaría esta ternura titubeante y algo torpe al acariciarla, incluso más tarde, ya una vez casados, y más tarde aún, cuando, además, empezó a acariciarle el cuerpo con los labios.


HISAKO MATSUBARA

lunes 6 de abril de 2009

El oficio de poeta

"Autoretrato de un artista degenerado", Oskar Kokoschka, 1937, 110 x 85 cm

Estas colinas duras que han formado mi cuerpo
y lo sacuden con tantos recuerdos, me han abierto el prodigio
de aquella que no sabe que la vivo y no llego a entenderla.

Me la encontré una noche: una mancha más clara
bajo las inciertas estrellas, en la oscuridad del verano.
Percibíase en torno la fragancia de estas colinas
más profunda que la sombra y de repente sonó
como si saliera de estas colinas, una voz más limpia
y áspera, a la vez, una voz de tiempos perdidos.

Alguna vez la veo, y se pone ante mí
definida, inmutable, como un recuerdo.
Nunca he podido asirla: su realidad
cada vez se me escapa y me lleva más lejos.
Si es bella, no lo sé. Es joven entre las otras:
me sorprende, al imaginarla, un lejano recuerdo
de mi infancia vivida entre estas colinas,
tan joven es. Semeja la mañana. Me muestra en los ojos
todos los cielos lejanos de aquellas mañanas remotas.
Y tiene en los ojos un firme propósito: la luz más limpia
que jamás tuvo el alba sobre estas colinas.

La he creado del fondo de todas las cosas
que me son más queridas, y no llego a entenderla.

CESARE PAVESE

jueves 19 de marzo de 2009

Diarios, 1984, 18 de septiembre

"Reflection", Lucian Freud, 1981-82, 30,5 x 24,5 cm

Todas las noches, algunas meditaciones de Marco Aurelio. Siempre calma, siempre delicia. Ayer unas líneas suyas decían que el hombre realmente fuerte es capaz de soportar no sólo los golpes, sino las ofensas.

SÁNDOR MÁRAI

sábado 24 de enero de 2009

El mundo

"Calle de Santa Rita", Antonio López, 1961

Pagábamos de alquiler mil pesetas al mes, que no era poco si añadimos que se trataba de una ruina. Tenía goteras. Las ventanas encajaban mal; el cemento del patio estaba roto; las paredes, desconchadas; las vigas, podridas...Entre la puerta que daba al jardín de delante y la que daba al patio de atrás había durante el invierno una corriente constante (y cortante) de aire frío, un punzón invisible que llegaba hasta la médula de la vivienda. No sé si es científicamente posible tener frío en la médula, pero ahí es donde se instaló, en el tuétano de cada uno de nosotros y el tuétano del grupo familiar, cuando nos trasladamos desde Valencia a Madrid. Yo contaba seis años.

JUAN JOSÉ MILLÁS

miércoles 14 de enero de 2009

Agua

"Jet of water", Francis Bacon, 1988, 198 x 147 cm

Hay agua que es fría y densa como una piedra, no puedes beberla, y hay agua que es tan ligera y floja que no sirve de nada beberla, y hay agua que palpita cuando la bebes provocando escalofríos, y hay agua que es amarga y que sabe a sudor, y algunas aguas, están por así decirlo como muertas.

TORGNY LINDGREN

miércoles 31 de diciembre de 2008

Pueblo blanco

"Pueblo español", Alberto Sánchez, 1945, 26 x 71 cm, colección particular

Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,
bajo un cielo que a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.

Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra,
sólo el olvido camina lento
bordeando la cañada,
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.

El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura,
el cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán,
y mi pueblo después
vio morir a los tres,
y me pregunto: porqué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.

De la siega a la siembra
se vive en la taberna,
las comadres murmuran
su historia en el umbral,
de sus casas de cal.

Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que noche a noche forjaron en su mente,
fuerte para ser su señor
y tierno para el amor.

Ellas sueñan con él
y él con irse muy lejos,
de su pueblo y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir
quieren morirse al sol,
la boca abierta al calor, como lagartos
medio ocultos tras un sombrero de esparto.

Escapad gente tierna
que esta tierra está enferma,
y no esperéis mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.

Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna,
tal vez mañana sonría la fortuna
Y si te toca llorar,
es mejor frente al mar.

Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí,
pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.

JOAN MANUEL SERRAT

sábado 20 de diciembre de 2008

De la felicidad

"Alegoría de la felicidad pública", Francisco Bayeu, 1786, Museo de Zaragoza

Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felices, pero al ir a descubrir lo que hace feliz la vida, van a tientas, y no es fácil conseguir la felicidad en la vida, ya que se aleja uno tanto más de ella cuanto más afanosamente se la busque, si ha errado el camino, si éste lleva en sentido contrario, la misma velocidad aumenta la distancia. Hay que determinar, pues, primero lo que apetecemos; luego se ha de considerar por dónde podemos avanzar hacia ello más rápidamente, y veremos por el camino, siempre que sea el bueno, cuánto se adelanta cada día y cuánto nos acercamos a aquéllo que nos impulsa un deseo natural. Mientras erremos de acá para allá sin seguir a otro guía que los rumores y los clamores discordantes que nos llaman hacia distintos lugares, se consumirá entre errores nuestra corta vida, aunque trabajemos día y noche para mejorar nuestro espíritu. Hay que decidir, pues, a dónde nos dirijamos y por dónde, no sin ayuda de algún hombre experto que haya explorado el camino por donde avanzamos, ya que aquí la situación no es la misma que en los demás viajes; en éstos hay algún sendero, y los habitantes a quienes se pregunta no permiten extraviarse; pero aquí el camino más frecuentado y más famoso es el que más engaña. Nada importa, pues, más que no seguir, como ovejas, el rebaño de los que nos preceden, yendo así, no a donde hay que ir, sino a donde se va. Y ciertamente nada nos envuelve en mayores males que acomodarnos al rumor, persuadidos de que lo mejor es lo admitido por el asentimiento de muchos, tener por buenos los ejemplos numerosos y no vivir racionalmente, sino por imitación. De ahí esa aglomeración tan grande de personas que se precipitan unas sobre otras. Lo que ocurre en una gran catástrofe colectiva, cuando la gente misma se aplasta, nadie cae sin arrastrar a otro y los primeros son la perdición de los que siguen, puedes verlo suceder en toda vida; nadie yerra sólo por su cuenta, sino que es causa y autor del error ajeno. Es dañoso, pues, apegarse a los que van delante; y como todos prefieren creer que juzgar, nunca se juzga acerca de la vida, siempre se cree, y nos perturba y pierde el error que pasa de mano en mano. Perecemos por el ejemplo de los demás; nos salvaremos si nos separamos de la masa. Pero ahora la gente se enfrenta con la razón, en defensa de su mal. Y sucede lo mismo que en los comicios, en los cuales los mismos que han nombrado a los pretores, se admiran de que hayan sido nombrados, cuando ha mudado el inconstante favor; aprobamos y condenamos las mismas cosas; éste es el resultado de todo juicio que se falla por el voto de la mayoría.

SÉNECA

lunes 15 de diciembre de 2008

El gatopardo

"Ruinas del teatro de Taormina", Achile-Etna Michallon, 27 x 39 cm, Museo del Louvre

El palacio Salina lindaba con la iglesia parroquial. Su pequeña fachada con siete ventanas sobre la plaza no dejaba suponer su gran extensión que ocupaba hacia atrás unos doscientos metros. Eran construcciones de diversos estilos armoniosamente unidas, en torno a tres enormes patios y terminando en un amplio jardín. A la entrada principal sobre la plaza los viajeros fueron sometidos a nuevas manifestaciones de bienvenida. Don Onofrio Rotolo, el administrador local, no participaba en las acogidas oficiales a la entrada del pueblo. Educado en la rígida escuela de la princesa Carolina, consideraba al vulgus como si no existiera y al príncipe como un residente en el extranjero hasta que no hubiese cruzado el umbral de su propio palacio. Por esto hallábase allí, a dos pasos del portón, pequeñísimo, viejísimo, barbudísimo, teniendo al lado a su mujer mucho más joven que él y gallarda, detrás a la servidumbre y a ocho campieri con el Gatopardo de oro en el sombrero y en las manos ocho escopetas siempre inactivas.

GIUSEPPE TOMASI DI LAMPEDUSA