jueves 29 de noviembre de 2007

Las pequeñas memorias


No sé cómo lo percibirán los niños de ahora, pero, en aquellas épocas remotas, para la infancia que fuimos, nos parecía que el tiempo estaba hecho de una especie particular de horas, todas lentas, arrastradas, interminables. Tuvieron que pasar algunos años para que comenzásemos a comprender, ya sin remedio, que cada una tenía sólo sesenta minutos, y , más tarde áun, tendríamos la certeza de que todos ellos, sin excepción, acababan al final de sesenta segundos...

JOSÉ SARAMAGO
("Las tentaciones de San Antonio",Hieronymus Bosch , 1500-1525, 70x51 cm -Museo del Prado, Madrid-)

sábado 24 de noviembre de 2007

Moby Dick


Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto tiempo exactamente-, con muy poco o ningún dinero en el bolsillo y sin nada en tierra que me interesara, creí que podría ir a navegar por ahí y ver la parte acuática del mundo. Es mi modo de ahuyentar la melancolía y regular la circulación. Cada vez que me sorprendo con una expresión de tristeza en la boca que va en aumento; cada vez que un húmedo noviembre de lloviznas anida en mi alma; cada vez que me descubro deteniéndome involuntariamente ante las tiendas de ataúdes, y siguiendo a cualquier funeral con que me encuentro; y especialmente si la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un sólido principio moral para no salir a la calle y derribar metódicamente los sombreros de los transeúntes, entonces, comprendo que ha llegado la hora de hacerme a la mar cuanto antes. Este es mi sustituto para la pistola y la bala.

HERMAN MELVILLE
("El muelle de Calais", Turner, 1803, 172x240 cm -National Gallery London-)

viernes 23 de noviembre de 2007

El guía del Hermitage


PAVEL.- Ejem, ejem, queridos amigos, como parte de la celebración del primer centenario del nacimiento de IIia Repin, el Museo Hermitage tiene el alto honor de presentarles una de sus obras más representativas: “Carta de los zaporogos al Sultán de Turquía”. Como veis es un cuadro enorme para hombres enormes, este cuadro mide dos metros de alto por tres metros y medio de largo.
IGOR.- Es grande pero sigo sin ver nada.
PAVEL.- Haz un esfuerzo, Igor, aquí lo tienes. Demos primero una mirada general a la escena. Estamos viendo una gran celebración de guerreros, ¿de qué se ríen estos fieros cosacos?
Al fondo humea su fortaleza, acaban de defenderla de los turcos a quienes han derrotado. Los indomables zaporogos han luchado con valor y se han apoderado de los poderosos cañones enemigos. Probablemente es el primer fracaso otomano, sin duda es el más estruendoso. Sin embargo la guerra está lejos de haber terminado, desde Estambul el sultán los amenaza con enviar a sus invencibles jenízaros para acabar con ellos. Promete borrarlos del mapa si no se rinden inmediatamente. Lejos de atemorizarse, los zaporogos se envalentonan y deciden enviar una carta al sultán. Mirad, mirad bien, en medio del campo ese hombre de cerquillo con papel y pluma en la mano está escribiendo sobre una tosca mesa lo que le dictan sus rudos compañeros. Viendo las caras alegres y despreocupadas de los zaporogos podemos fácilmente saber lo que están diciendo.

IGOR.- ¿Podemos leer la carta?

PAVEL.- Pues claro, fíjate en la carcajada del cosaco de pié a la derecha de la mesa.
IGOR.- Hay varios.
PAVEL.- Fíjate en el más alto,aquel que lleva ese gorro blanco y exhibe su enorme pecho y voluminoso vientre.
IGOR.- ¿El que sostiene su barriga con las dos manos?
PAVEL.- Ese mismo. Ahora fíjate en el que está a su izquierda. Mira que más que cosaco parece tártaro. Bueno, ese ya no puede más de la risa, le falta la respiración. Está al borde del colapso.
SONIA.- La verdad es que todos tienen una risa contagiosa.
¿Qué más, Pavel, qué más? Sigue, sigue.
PAVEL.- Bueno, veamos al del centro, ese que está encima del escribiente. Por su traje sabemos que es uno de los jefes, sujeta la pipa en la boca, no se ríe, pero podemos asegurar que su mente está a kilómetros de distancia. Está imaginándose la cara del orgulloso sultán cuando lea que los zaporogos lo mandan olímpicamente a la mierda.
IGOR.- Ese otro le dice al sultán que cortarán los cojones a todos los jenízaros que se atreva a enviar.
SONIA.- Y que si sigue fastidiando ellos irán a Estambul para sacarlo a patada limpia de su harén.
PAVEL.- Y lo castrarán y lo mandarán como eunuco a la corte de zar de Rusia.
SONIA.- Miren a ese que está morado de risa.
IGOR.- Ese acaba de dictar al escribiente que le diga al sultán que si no quiere que los cosacos invadan Turquía que mande a sus hermanitas. Sí, que mande a sus hermanitas.

HERBERT MOROTE ("La respuestas de los cosacos zaporogos al sultán Mahmoud IV", Ilya Repin, 1980-91 -Hermitage San Petersburgo-)

domingo 18 de noviembre de 2007

Los trazos de la canción


En Francia, a estas libretas se las conoce por le nombre de cartes moleskines, con la salvedad de que el moleskine, en este caso, es la encuadernación de hule negro. Cada vez que iba a París, me reaprovisionaba en una papeterie de la rue de l'Ancienne Comédie. Las páginas estaban cuadriculadas y las guardas estaban sujetas por una banda elástica. Las numeraba por series. En la primera página escribía mi nombre y dirección, y ofrecía una recompensa para quien las hallara. Extraviar el pasaporte era la menor de mis preocupaciones: extraviar una libreta de apuntes habría sido una catástrofe.

Durante aproximadamente veinte años de viajes, sólo perdí dos. Una desapareció en un autobús afgano. La otra la confiscó la policía secreta brasileña que había imaginado, con cierta clarividencia, que algunas líneas que yo había escrito -sobre las heridas de un Cristo barroco -describían, en clave, lo que ella hacía con los prisioneros políticos..

Unos meses antes de partir rumbo a Australia, la propietaria de la papeterie comentó que el vrai moleskine era cada día más difícil de conseguir. Había un solo proveedor: una pequeña empresa familiar de Tours. Tardaba mucho en contestar la correspondencia.
- Me gustaría encargar cien- le dije a madame-. Cien me durarán toda una vida.

BRUCE CHATWIN

(Aileen Mbitjana, "Dot painting"- arte aborígen australiano- 120x60 cm-)

jueves 15 de noviembre de 2007

Juliano el Apóstata


Este compromiso fue aceptado. Como todas las soluciones de compromiso, no resuelve nada, sino que prolonga -quizás peligrosamente- el tiempo de la indecisión...

GORE VIDAL
("Juliano el Apóstata presidiendo una reunión de sectarios", Edward Armitage, 1875)

domingo 11 de noviembre de 2007

La balada de la cárcel de Reading


I No vistió su chaqueta escarlata
porque el vino y la sangre ya son rojos,

y sangre y vino había en sus manos

cuando lo hallaron con la muerta,

la pobre que él amó

y a quien en su lecho asesinara.

Caminó entre los jueces

vistiendo el gris raído

con gorra en la cabeza

y paso alegre y leve.

Pero jamás vi a nadie que mirara el día

con igual ansiedad.

Jamás vi a nadie que mirara

con ojos tan ansiosos

la pequeña tienda azul

que los presos llaman cielo,
y a cada nube fugitiva
que cruzaba con velamen de plata.

Confinado en otros patios con otras almas
en pena me preguntaba
si había hecho algo grande
o algo insignificante,
cuando una voz me susurró al oído
«ese hombre va a la horca».

¡Cristo! Los muros de la prisión
de pronto parecían tambalearse
y sobre mi cabeza era el cielo
un casco de quemante acero.
Y aunque era yo un alma en pena,
mi pena sentir no podía.

Supe qué pensamiento perseguido
su paso apresuraba; supe por qué
miraba el día brillante
con ojos tan ansiosos.
Había matado aquello que él amaba
y tenía que morir.

OSCAR WILDE

("Reading Gaol III", Garrick Palmer, 1994)

(THE BALLAD OF READING GAOL

I he did not wear his scarlet coat,
...For blood and wine are red,
And blood and wine were on his hands
....When they found him with the dead,
The poor dead woman whom he loved,
.... And murdered in her bed.

He walked amongst the Trial Men
.... In a suit of shabby gray;
A cricket cap was on his head,
.... And his step seemed light and gay;
But I never saw a man who looked
....So wistfully at the day.

I never saw a man who looked
....With such a wistful eye
Upon that little tent of blue
....Which prisoners call the sky,
And at every drifting cloud that went
....With sails of silver by.

I walked, with other souls in pain,
....Within another ring,
And was wondering if the man had done
....A great or little thing,
When a voice behind me whispered low,
....That fellows got to swing

Dear Christ! the very prison walls
....Suddenly seemed to reel,
And the sky above my head became
....Like a casque of scorching steel;
And, though I was a soul in pain,
....My pain I could not feel.

I only knew what hunted thought
....Quickened his step, and why
He looked upon the garish day
....With such a wistful eye;
The man had killed the thing he loved
....And so he had to die.)


martes 6 de noviembre de 2007

Peter Pan


Cada vez que hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Joker, y Joker se la tiene jurada al papá de Salazar.
Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado de sangre de leopardo.

A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta de cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.Un día se quedó frito leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo sobre el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa.

Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.


FERNANDO IGUASAKI
("Dos golfillos", Egon Schiele, 1910, 94,1x32,1 cm - Colección Privada-)

domingo 4 de noviembre de 2007

El océano pacífico


Lo que más cuestas de esa sonrisa es mantenerla dignamente en los labios. Por eso, cuando empieza a perder tersura, el hombre hace una mueca, sopla y, como si de una pluma se tratase, la manda hacia la joven. Hay dos posibilidades: que ella la acepte o que la rechace. Expectantes, la noche y la lluvia se detienen para interesarse por el desenlace de ese gesto, hasta que, finalmente, ella opta por corresponderle. Aplicándosela a los labios, la clarinetista se prueba la sonrisa de él y la enriquece con una suya para, a continuación, escupirlas ambas hacia el retrovisor desde el cual el hombre -que no se atrevía a mirarla a los ojos- esperaba una respuesta. La sonrisa compartida rebota contra el espejo del retrovisor y se desentiende del taxista, que, para combatir el vaho de los cristales, ha bajado un un dedo la ventanilla del conductor. Esta rendija de corriente de aire es suficiente para que, aspiradas, las sonrisas huyan del vehículo, levanten el vuelo y sean desviadas por el asta de una bandera tricolor que, a modo de timón, modifica su rumbo. La temperatura es de un grado centígrado. Si pudiera seguirlas, el hombre vería como las sonrisas sienten que, si no se resguardan inmediatamente, morirán congeladas. Por este orden, las vería virar a la búsqueda de una calle en la que refugiarse, recuperar fuerzas atravesando la humareda del extractor de una pizzería, saludar a una sonrisa asiática que circula en dirección contraria, aterrizar sobre el toldo de un pequeño restaurante, resbalar por su empapada superficie, intentar agarrarse durante unos segundos, caer, y, en lugar de estrellarse contra el suelo -como estaba previsto- salvarse simplemente porque uno de los camareros -que habrá salido a la calle a mirar si todavía llueve- levantará la cabeza para mirar las nubes y no hallará señal alguna de tormenta, sino que se dará de narices contra una bisonrisa en caída libre...

SERGI PÀMIES ( de El último libro de Sergi Pàmies)
(
«In the car» , Roy Lietchenstein, 1963)

jueves 1 de noviembre de 2007

El amante


Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo. La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud. Su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado.

MARGUERITE DURAS
("Mujer con ojos cerrados", Lucien Freud, 1986-87, 45,9x58,7 cm. Colección Privada)