martes 25 de diciembre de 2007

Firmin


Nunca he tenido mucha valentía física ni de ninguna otra clase, y siempre me ha costado mucho trabajo afrontar la vacua estupidez de una vida corriente, sin relato, de modo que muy pronto di en confortarme con la ridícula idea de que poseía un Destino. Y comencé a viajar, en el espacio y en el tiempo, por medio de los libros, buscándolo. Me dejé caer por el Londres de Daniel Defoe, en su visita guiada de la peste. Oí la campana que acompañaba la petición de "Traed a vuestros muertos" y olí el humo de los cadáveres ardiendo. Sigo teniéndolo en las fosas nasales. Las personas morían como ratas por todo Londres -de hecho también morían las ratas, igual que las personas-. Tras dos horas de esto, me hacía falta un cambio de escenario, de modo que me trasladé a la China y subí por un empinado sendero, entre bambués y cipreses, para sentarme un rato ante la puerta abierta de una pequeña choza de montaña con el viejo Tu Fu. Contemplando en silencio la blanca neblina que ascendía del valle, escuchando soplar el viento entre las cortinas de juncos y tambien los débiles ecos de las distantes campanas del templo, ambos estábamos "solos con diez mil cosas"

SAM SAVAGE
("Josefina leyendo", Antonio López, 1953)

jueves 20 de diciembre de 2007

Parábola china

Un anciano llamado Chunglang, que quiere decir «Maese La Roca», tenía una pequeña propiedad en la montaña. Sucedió cierto día que se le escapó uno de sus caballos y los vecinos se acercaron a manifestarle su condolencia.
Sin embargo el anciano replicó:
-¡Quién sabe si eso ha sido una desgracia!
Y hete aquí que varios días después el caballo regresó, y traía consigo toda una manada de caballos cimarrones. De nuevo se presentaron los vecinos y lo felicitaron por su buena suerte.
Pero el viejo de la montaña les dijo:
-¡Quién sabe si eso ha sido un suceso afortunado!
Como tenían tantos caballos, el hijo del anciano se aficionó a montarlos, pero un día se cayó y se rompió una pierna. Otra vez los vecinos fueron a darle el pésame, y nuevamente les replicó el viejo:
-¡Quién sabe si eso ha sido una desgracia!
Al año siguiente se presentaron en la montaña los comisionados de «los Varas Largas». Reclutaban jóvenes fuertes para mensajeros del emperador y para llevar su litera. Al hijo del anciano, que todavía estaba impedido de la pierna, no se lo llevaron.
Chunglang sonreía.

HERMAN HESSE
("Ermita", Chu Ta -Museo de Shangai-)

martes 18 de diciembre de 2007

El sonido del trueno


Eckels miró en el otro extremo de la vasta oficina la confusa maraña zumbante de cables y cajas de acero, y el aura ya anaranjada, ya plateada, ya azul. Era como el sonido de una gigantesca hoguera donde ardía el tiempo, todos los años y todos los calendarios de pergamino, todas las horas apiladas en llamas. El roce de una mano, y este fuego se volvería maravillosamente, y en un instante, sobre sí mismo. Eckels recordó las palabras de los anuncios en la carta. De las brasas y cenizas, del polvo y los carbones, como doradas salamandras, saltarán los viejos años, los verdes años; rosas endulzarán el aire, las canas se volverán negro ébano, las arrugas desaparecerán. Todo regresará volando a la semilla, huirá de la muerte, retornará a sus principios; los soles se elevarán en los cielos occidentales y se pondrán en orientes gloriosos, las lunas se devorarán al revés a sí mismas, todas las cosas se meterán unas en otras como cajas chinas, los conejos entrarán en los sombreros, todo volverá a la fresca muerte, la muerte en la semilla, la muerte verde, al tiempo anterior al comienzo. Bastará el roce de una mano, el más leve roce de una mano.

RAY BRADBURY
("Dos Mariposas blancas", VIncent Van Gogh, 1889, 55 x 45,5 cm. Rijksmuseum -Amsterdam-)

sábado 15 de diciembre de 2007

El pozo


Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.
Veinte años después, mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.
En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en su interior.
Éste es un mundo como otro cualquiera, decía el mensaje.

LUIS MATEO DÍEZ
("El pozo", Guillermo Pérez Villalta, 1986, 97x76 cm)

domingo 9 de diciembre de 2007

El agente secreto


...Luego se presentó la imagen de una ciudad enorme, de una ciudad monstruosa, más habitada que ciertos continentes, y, en su energía debida al hombre, como indiferente a los ceños y a las sonrisas del cielo; un devorador cruel de la luz del mundo. Había allí espacio suficiente para localizar cualquier historia, hondura suficiente para cualquier pasión, variedad suficiente para cualquier decorado, oscuridad suficiente para enterrar cinco millones de vidas.

JOSEPH CONRAD
("The opening of Waterloo brigde", John Constable, 1818-32 -Colección Privada)

jueves 6 de diciembre de 2007

La vida que salvéis puede ser la vuestra


El señor Shiftlet se detuvo justo dentro del patio, dejó la caja en el suelo y se tocó el ala del sombrero para saludar a la joven como si esta se comportase normalmente; luego se volvió hacia la anciana y se lo quitó. Sus cabellos, morenos, largos y lacios, caían lisos a ambos lados desde una raya al medio hasta la punta de sus orejas. La frente le cubría más de la mitad del rostro que terminaba de pronto, con las facciones apenas proporcionadas, en unas mandíbulas prominentes como una trampa de acero. Parecía un hombre joven, pero tenía el aspecto de serena insatisfacción del que está de vuelta de todo.

- Buenas tardes -dijo la anciana. Tenía el tamaño de un poste de cedro de la cerca y llevaba un sombrero gris de hombre muy calado.

El vagabundo se quedó mirándola sin decir nada. Giró sobre sus talones y se volvió hacia la puesta de sol. Abrió lentamente ambos brazos, el que tenía entero y el corto, para abarcar entre ellos una extensión del cielo y su figura formó una cruz mutilada. La anciana lo observó con los brazos cruzados sobre el pecho como si ella fuese la dueña del sol.


FLANNERY O'CONNOR
("Gótico Americano", Grant Wood, 1930, 74,3x62,4 cm -Art Institute of Chicago-)

domingo 2 de diciembre de 2007

Vergüenza


Qué vergüenza, hermanos míos,
este dolor.
Este dolor tan vulgar,
pequeño,
cotidiano.
He crecido en un tiempo de dolores.
Duele y dolía la injusticia.
Duele y dolía el hambre.
Duele y dolía la guerra.
Cuando niño, a cada instante
estallaban huelgas
y alborotos con sangre.
He oído los disparos.
He visto llorar a las mujeres de los obreros.
He visto luego los paseos.
Más luego aún, las represalias.
Y el mundo entero estalló
y se partieron muchos hombres en miles de pedazos.

Pero, gracias a Dios, poquito a poco,
volvieron a construirse las injusticias.
Y algo sangriento pasa
y algo horrible no deja de pasar.
Y os pasa a vosotros hermanos.
Hombres de genio calculan,
místicos sufren,
valientes siguen ofreciendo su carne para los destrozos.

Y yo, aquí,
pobre, cobarde, ridículo,
insensible a tanto dolor,
cornudo caracol diminuto y encerrado,
creo que mi alma es nueva,
porque os olvido
y me duele sólo mi dolor.
Qué vergüenza, hermanos.
Aprovecho una pausa en mi llanto
para pediros perdón."

FERNANDO FERNÁN GÓMEZ
("War", Jackson Pollock, 1947, -MOMA New York-)