Firmin

Nunca he tenido mucha valentía física ni de ninguna otra clase, y siempre me ha costado mucho trabajo afrontar la vacua estupidez de una vida corriente, sin relato, de modo que muy pronto di en confortarme con la ridícula idea de que poseía un Destino. Y comencé a viajar, en el espacio y en el tiempo, por medio de los libros, buscándolo. Me dejé caer por el Londres de Daniel Defoe, en su visita guiada de la peste. Oí la campana que acompañaba la petición de "Traed a vuestros muertos" y olí el humo de los cadáveres ardiendo. Sigo teniéndolo en las fosas nasales. Las personas morían como ratas por todo Londres -de hecho también morían las ratas, igual que las personas-. Tras dos horas de esto, me hacía falta un cambio de escenario, de modo que me trasladé a la China y subí por un empinado sendero, entre bambués y cipreses, para sentarme un rato ante la puerta abierta de una pequeña choza de montaña con el viejo Tu Fu. Contemplando en silencio la blanca neblina que ascendía del valle, escuchando soplar el viento entre las cortinas de juncos y tambien los débiles ecos de las distantes campanas del templo, ambos estábamos "solos con diez mil cosas"
SAM SAVAGE
("Josefina leyendo", Antonio López, 1953)





