sábado 5 de julio de 2008

Cuadernos de la guerra

"Adam et Eve", Tamara de Lempicka, 1922, Petit Palais Geneve

El deseo de Leo se deslizaba suavemente en mí y provocaba el mío. Yo no deseaba a Leo directamente , deseaba a Leo porque él me deseaba a mí. Su deseo hacía surgir el mío sin que él tuviera nada que ver. Me parecía que era bueno sentir deseo, lo percibía como una especie de solución a toda clase de cosas.

MARGUERITE DURAS