Sangre roja y lluvia negra
Había caído la noche, el mar, que mil veces en el pasado me había parecido nacer de la curva de las colinas doméstico y balneario como en las guías, no nos escatimó aquí uno solo de sus venenos: ni el borboteo de sus contrabajos rocosos; ni la estereotipia de las olas contra la orilla; ni el secular hedor de calafateos y desastres. Más aún me asustó, entrando en el pequeño puerto, descubrir a través de las puertas semiabiertas, a la luz de la vela, mujeres en círculo, sentadas sobre el suelo de pez, que con manos eternos remendaban redes.
GESUALDO BUFALINO (de Perorata del Apestado)
GESUALDO BUFALINO (de Perorata del Apestado)
