jueves 31 de enero de 2008

Las partículas elementales


Él sólo quería amar; al menos no pedía nada. Nada concreto. La vida, pensaba Michel, tenía que ser algo sencillo; algo que pudiera vivirse como un conjunto de pequeños ritos, indefinidamente repetidos. Ritos al fin y al cabo un poco estúpidos, pero en los que, en el fondo, se pudiera creer. Una vida sin apustas y sin dramas. Pero la vida de los hombres no estaba organizada así.

MICHEL HOUELLEBECQ
("Le pont de Mantes", Camille Corot, 1868-70- Museo del Louvre-)

martes 29 de enero de 2008

Una danza del tiempo. Primavera


No es fácil - y tal vez ni siquiera sea deseable- juzgar a otros con un criterio consistente. La conducta de alguno que nos resulta molesta, podemos tolelarla fácilmente cuando la observamos en otro; y los principios de comportamiento que juzgamos indispensables los relajamos en la práctica -no siempre impunemente- en interés de aquellos cuya naturaleza parece reclamar un trato especial. Ésta es una de las dificultades inherentes al intento de trasladar al papel las acciones humanas, origen de una perplejidad que justifica realmente la alternancia de la comedia y la tragedia en los dramas de Shakespeare

ANTHONY POWELL
("Le marquis d'Afflitto sur l'escalier" Tamara de Lempicka, 1926, 116 x 73 cm)

domingo 27 de enero de 2008

L´homme et la mer


Homme libre, toujours tu chériras la mer.
La mer est ton miroir; tu comtemples ton âme
Dans le déroulement infini de sa lame,
Et ton esprit nést pas un gouffre moins amer.

CHARLES BAUDELAIRE, de "Les Fleurs du Mal"
("La mar tranquila", Gustave Courbet, 1869, _MOMA New York-)

(¡Para siempre, hombre libre, a la mar tu amarás!
Es tu espejo la mar; mira, contempla tu alma
en el vaivén sin fin de su oleada calma,
y tan hondo tu espíritu y amargo sentirás.)


sábado 26 de enero de 2008

El viejo, su mujer y el ladrón


Era un mercader rico, pero muy viejo, que tenía a una mujer joven y hermosísima, a la que él mucho amaba. Una noche entró un ladrón en casa del mercader, y su mujer, que estaba despierta, tuvo tanto miedo, que se metió en la cama de su esposo y le abrazó tan reciamente, que lo despertó. Entonces él vio al ladrón y le dijo: "Toma cuanto pudieres llevar y vete sin miedo, porque me has dado la dicha de que mi mujer me abrace".

ABD ALLAH IBN AL-MUQAFFA, Versión Castellana del "Calila e Dinma" , 1261
(grabado original del manuscrito, 24 x 20 cm, Bilioteca Nacional de Francia -París-)

martes 22 de enero de 2008

Durante las largas lluvias del quinto mes...


Durante las largas lluvias del Quinto Mes, hay algo que me conmueve en el lugar donde hay un estanque. Entre los densos iris y otras plantas, se divisa el verde del agua y todo el jardín nos parece del mismo color verde. Uno permanece ahí el día entero contemplando el cielo nublado.
Siempre me tocan y me encantan los lugares con lagunas, no sólo en el invierno cuando uno descubre al despertar que el agua se ha helado, sino en cualquier época del año. Las lagunas que me gustan más no son las que han sido cuidadas. Prefiero las que han sido dejadas a su suerte y están cubiertas de hierbas. De noche, en los verdes espacios de agua, sólo se ve el pálido fulgor de la luna, En cualquier hora y en cualquier lugar me conmueve la luna.

SEI SHONAGON, "El libro de la almohada"
("Una escena en el puente", Kitagawa Utamaro,1797-98, 39 x 29 cm. -Tokyo National Museum-)

viernes 18 de enero de 2008

Cien granos de maíz


Bien, como tantas otras veces cuando había invitados, estábamos sentados todavía un rato a la mesa después de haber comido. No para hablar, sólo porque sí. Los hombres -que eran mi padre, mi abuelo y mi tío, fumaban. Las mujeres -que eran mi madrastra, mi abuela y mi tía- recogían con las yemas de los dedos las migas de pan y los granos de azúcar esparcidos sobre la mesa y los chupaban. Yo también, puesto que era una chica. A mi hermano no le dejaban fumar, porque sólo era un chico, no un hombre. Jugaba con las hormigas, que pasaban entre nosotros, de un codo a otro.

Entonces mi tío miró el reloj y dijo: "Creo que deberíamos empezar con las cartas". Jugaban con cien granos de maíz y, cuando se los habían jugado todos, con dinero. Mi tío se sacó su saquito con los granos de maíz del bolsillo. Mi abuelo se dirigió a su armario y cogió su cajita de latón. La agitó y sonaron unos chasquidos. Mi padre abrió con su navaja la escalera. La apoyó contra la pared del cuarto, se puso el sombrero y subió hasta el último peldaño. Miró por encima del tejado . "A ver si hoy gano", dijo. Mi hermano se puso a llorar.


HERTA MÜLLER
("Cien granos de maíz", Quint Buchholz, 1997)

miércoles 16 de enero de 2008

Selma


Cuando me dí cuenta que el asunto no tenía solución, me dirigí a la gran Cabra...
¿Qué es la felicidad?
Para responderte te contaré la historia de Selma la oveja...

Érase una vez una oveja...
...que cada mañana al amanecer comía un poco de hierba...

...al mediodía enseñaba a hablar a los niños...
...por la tarde hacía un poco de deporte...
...después volvía a comer hierba...
...al anochecer charlaba un poco con la señora González...
...por la noche dormía a pierna suelta...

Al preguntarle qué haría si tuviera más tiempo dijo:

...al amanecer comería algo de hierba...
...al mediodía...hablaría con los niños...
Después haría un poco de deporte...

...comer...

...al atardecer me gustaría charlar un poco con la señora González...

...sin olvidar: un sueño profundo.


¿"Y si le tocara la lotería"?...

Bueno, comería mucha hierba...preferentemente al amanecer...

...hablaría mucho con los niños...
...después haría un poco de deporte...
...por la tarde, comería hierba...

...al atardecer me gustaría charlar con la señora González.


Después caería en un sueño profundo y dormiría a pierna suelta...

JUTTA BAUER
(Ilustración del libro "Selma", Jutta Bauer)

sábado 12 de enero de 2008

Inventario de lugares propicios al amor


Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.


ÁNGEL GONZÁLEZ
("Amor", Javier Clavo, 1970, 90x65 cm)

domingo 6 de enero de 2008

La noche sagrada


Ahora que soy vieja, tengo toda la serenidad para vivir. Voy a hablar, depositar las palabras y el tiempo. Me siento un poco pesada. No es por los años que pesan más, sino por todo lo que no ha sido dicho, lo que he callado y disimulado. No sabía que una memoria llena de silencios y miradas podía convertirse en una bolsa de arena que vuelve la marcha difícil.

TAHAR BEN JELLOUN
("Calle marroquí", John Singer Sargent, 1890-91 -Harvard University Museum-)

miércoles 2 de enero de 2008

La verdad sobre Sancho Panza


Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de Don Quijote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a Don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin.

FRANZ KAFKA
("Don Quijote y Sancho Panza", Honoré Daumier,1868, 52x32 cm, -Neue Pinakotek, Munich-)