Memorias de ultratumba
La triste necesidad que siempre pesó sobre mí me ha obligado a venderlas. Nadie puede comprender lo que yo he sufrido al verme forzado a hipotecar mi tumba; pero debía este último sacrificio a mis juramentos y a la coherencia de mi conducta. (...)
Estas Memorias fueron compuestas en diferentes fechas y en diversos países. De aquí los prólogos forzosos que pintan los sitios que tenia ante mis ojos, los sentimientos que me embargaban en el momento en que retomaba el hilo de mi narración. Las formas movibles de mi vida han entrado asi unas dentro de las otras; me ha sucedido que, en, en mis horas de prosperidad, he tenido que hablar de mis tiempos de miseria; en dias de tribulación, retratar mis días de ventura. Mi juventud penetrando en mi vejez; la gravedad de mis años de experiencia entristeciendo mis mocedades; los rayos de mi sol, desde su aurora hasta su ocaso, cruzándose y confundiéndose, han producido en mis páginas una especie de confusión, o, si se quiere, una especie de unidad indefinible; en mi cuna hay algo de mi tumba; en ésta algo de aquélla; mis sufrimientos se convierten en placeres, mis placeres en dolores, y no sé, al acabar de leer estas Memorias, si son producto de una cabeza cana o de cabello oscuro.
Ignoro si esta miscelánea, que no me es dado remediar, gustará o desagradará: es fruto de las inconstancias de mi destino: las tempestades no me han dejado muchas veces más mesa para escribir que el escollo de mi naufragio.
CHATEAUBRIAND
("La libertad guiando al pueblo"), Eugène Delacroix, 1830, 325 x 260 cm -Museo del Louvre- )










