El mundo
Pagábamos de alquiler mil pesetas al mes, que no era poco si añadimos que se trataba de una ruina. Tenía goteras. Las ventanas encajaban mal; el cemento del patio estaba roto; las paredes, desconchadas; las vigas, podridas...Entre la puerta que daba al jardín de delante y la que daba al patio de atrás había durante el invierno una corriente constante (y cortante) de aire frío, un punzón invisible que llegaba hasta la médula de la vivienda. No sé si es científicamente posible tener frío en la médula, pero ahí es donde se instaló, en el tuétano de cada uno de nosotros y el tuétano del grupo familiar, cuando nos trasladamos desde Valencia a Madrid. Yo contaba seis años.
JUAN JOSÉ MILLÁS
JUAN JOSÉ MILLÁS

